Qué ciudad fantástica! Dublín es mágica, y la gente es muy amable. Salimos a recorrer la ciudad y encontramos Dublinia, un museo interactivo que recorre la historia irlandesa desde sus orígenes vikingos hasta la actualidad. Alucinante! Hasta es posible probarse ropa y accesorios de la época.
Al día siguiente, la fábrica de la cerveza Guinness!! 7 pisos que te explican cómo se elabora, su historia, etc. Y con la entrada te dan una mini 'clase' con sus bartenders especializados que te enseñan a servir una pinta de Guinness.
De ahí salimos rajando para el aeropuerto a tomar el vuelo a Londres.
Oh, decepción... 22 horas de espera en el aeropuerto y todos los vuelos hacia Londres cancelados.
A pasar la noche en el Starbucks del aeropuerto y ver qué pasa...
PD: algo curioso de Dublín es la mezcla entre la elegancia de barrios como San Isidro o Recoleta, y la mersada más pura del Once. La ropa femenina en las vidrieras es más que gatuna, pero la gente anda por la calle bien vestida...
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